Iglesia del Camino
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Carlos Navas
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¿Seguidores o Discípulos?

1 noviembre, 2019
Por: 
Víctor Ticas

Lucas 9:1-9 “Habiendo reunido a los doce, Jesús les dio poder y autoridad para expulsar a todos los demonios y para sanar enfermedades. Entonces los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos. «No lleven nada para el camino: ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni dos mudas de ropa —les dijo—. En cualquier casa que entren, quédense allí hasta que salgan del pueblo. Si no los reciben bien, al salir de ese pueblo, sacúdanse el polvo de los pies como un testimonio contra sus habitantes». Así que partieron y fueron por todas partes de pueblo en pueblo, predicando el evangelio y sanando a la gente. Herodes el tetrarca se enteró de todo lo que estaba sucediendo. Estaba perplejo porque algunos decían que Juan había resucitado; otros, que se había aparecido Elías; y otros, en fin, que había resucitado alguno de los antiguos profetas. Pero Herodes dijo: «A Juan mandé que le cortaran la cabeza; ¿quién es, entonces, este de quien oigo tales cosas?» Y procuraba verlo.”

Hay una pregunta con la que Herodes cierra su reflexión en el versículo 9: «A Juan mandé que le cortaran la cabeza; ¿quién es, entonces, éste de quien oigo tales cosas?.

Es una pregunta abierta que cada uno de nosotros debemos responder. Y Justamente el relato quiere marcar nuestra vida, sobre quien es Jesús y que lugar fundamental ocupa Él en la perspectiva que llevamos en nuestra vida y en la manera que asumimos nuestro ministerio.

Si no tenemos claro quien o qué es lo que inspira nuestro servicio terminaremos abandonando lo que hacemos. Si Jesús es realmente el centro, la pregunta entonces es: ¿cuál es la manera en que han de vivir aquellos que dicen servirle? No son las palabras ni las doctrinas las que definen la centralidad de Jesús en nuestra vida sino nuestras prácticas, es decir, en qué invertimos la vida. ¿Qué lugar esencial ocupa la misión de Jesús en nuestra vida personal?

Por el otro lado tenemos a Herodes que pudo hacer de Jesús alguien significativo en su vida. Y vemos que cuando alguien no toma en serio a Jesús echa a perder la gracia de Dios. Por eso cuando recibimos una Palabra de parte de Dios no la debemos despreciar.

Lucas 9,1-6 – Un verdadero discípulo

En estos primeros versículos podemos ver que para aquellas personas que Jesús es decisivo en su existencia, se han de ocupar por darle continuidad a la práctica de Jesús. Nuestra manera de definir nuestra comunión con Jesús es participando de su práctica. Decir “yo soy de Cristo” y “estoy enamorado de Jesús” solo reflejan una relación emocional con Jesús. En los Evangelios, la verdadera manera de identificarse con Jesús es en la manera que participamos de su misión, es decir, la práctica de Jesús llega a ser nuestra práctica. Si no hay práctica de Jesús en nuestro caminar, todo lo demás será nada más pura religiosidad. A Dios se le sigue en la práctica. Él es nuestro modelo, aprendamos de Él e imitémoslo.

¿Qué espera Jesús de alguien que dice amarle? Cuando se acerca a Pedro le dice: “Pedro, ¿me amas?” y cuando esté le respondía que sí, Jesús le hizo un llamado a participar del ministerio. Para Jesús el amor de Pedro no tiene que ver con hacerle canciones de amor a Dios o de estar en una relación mística, sino que se definía en la práctica. El amor a Cristo no tiene que ver con enamoramientos superficiales sino con traer vida y salvación.

Otros consejos importantes:

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