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Obligación y deleite: la travesía en oración

21 agosto, 2020
Por: 
Osvaldo Osorio

¿Se siente cansada/o? ¿está agotada/o por dentro? ¿se siente con enojo o con una incomodidad latente?

Hemos tenido una travesía larga desde que comenzamos este año 2020. Para algunos ha sido una penosa y con pérdidas irreparables, para otros, un estado emocional similar a una montaña rusa.

Se siente que hemos tenido demasiado, en tan poco.

Al ser humano le toma un tiempo procesar, entender y responder adecuadamente a los eventos intensos. Y en medio de esta temporada, muchos hemos encontrado en el sencillo acto de reunirnos a orar una fuente de consuelo, esperanza, fuerza y ánimo.

Algunas oraciones han sido memorables, con gran intensidad, se parecen a pensamientos como los de los Salmos 88, o la oración del Salmo 10 urgiendo la ayuda divina:
¿Por qué estás lejos, oh Jehová,
Y te escondes en el tiempo de la tribulación?
Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano;
No te olvides de los pobres.

Y otras han sido como las del Salmo 63, llenas de gozo y dulzura en Dios:
Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela,
En tierra seca y árida donde no hay aguas,
Para ver tu poder y tu gloria,
Así como te he mirado en el santuario.
Porque mejor es tu misericordia que la vida;
Mis labios te alabarán.

Es claro que la oración nos lleva a descansar en la presencia de Dios que trae paz. Y en otras, nos lleva a pedirle con intensidad que se muestre en este mundo y que todos vean su poder y gloria... Y las cosas cambien.

Quiero decir está bien que vengamos al trono del Señor con un sentido de obligación por parte nuestra para que su Reino sea establecido. Y otras veces vengamos a él simplemente a pedirle que nos abrace, que nos haga sentir su amor y descansar.

Ha sido una larga travesía. Oro que usted y yo veamos que perdemos mucho si caminamos este sendero sin Dios. Me refiero a transitar cada valle y cada montaña, cada celebración o pena, cada victoria o derrota, cada lamento o canción en Jesús.

¿Es la oración una obligación? Sí... y no. Lo es porque es como el respirar para un ser vivo. Es obligatorio que respires para vivir, orar es inevitable y de rigor. Sin embargo no es una carga para aquellos que conocen a Dios y su Palabra. Podemos clamar con súplica y también descansar en su amor. Mientras conocemos que El es Dios y que será exaltado en nuestros necesitados países.

Hoy buscamos su favor con cientos de peticiones, pero lo buscamos a él. Nos acercamos pidiéndole que su Reino se establezca, que traiga justicia y verdad. Que también nos consuele y aliente. Porque la adversidad también nos golpea. Dios lo sabe.

Por eso con plena confianza decimos: Amado Padre, te necesito. Muestra tu poder en este mundo roto y dolido. ¡Danos el pan de tu presencia hoy! ¡Queremos hacer esta travesía muy cerca tuyo porque tu amor es mejor que la vida!

Otros consejos importantes:

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