
Un principio de liderazgo espiritual es ver lo que Dios ve.
Imagina que estoy conversando contigo y tengo una semilla en mi mano, y si te pregunto qué ves en mi mano, la respuesta es obvia, una semilla. ¿Quieres saber que es lo que yo veo? Yo veo una semilla que tiene dentro de si el potencial de convertirse en un árbol. Por tanto, lo que tengo en mi mano es un árbol, es más, veo un árbol lleno de frutos, y si tengo un árbol lleno de frutos, tengo en mis manos una gran cantidad de semillas con el potencial de convertirse cada una de ellas en un árbol, por tanto, lo que tengo en mi mano es un bosque.
¿Qué ves? Como tu te veas a ti mismo, a las personas, las cosas o las circunstancias de las que formas parte es lo que hará la diferencia de quien llegaras a ser, lo que logres alcanzar y lo que logres aportar para el bien de los tuyos y de la sociedad de la que formas parte.
Este es un principio de liderazgo, ver el potencial que las personas, las cosas, o las circunstancias tienen, aún cuando ellas mismas o los demás no lo ven.
Ver más allá de lo que las circunstancias nos presentan, ver soluciones donde otros solo ven obstáculos, ver oportunidades donde otros ven imposibles, ver capacidades y potencial donde otros ven limitaciones, es lo que hace la diferencia para que, en lugar de restar y dividir, puedas sumar y multiplicar a tu vida, a los tuyos y a la sociedad de la que formas parte.
Tal vez te parece muy difícil emprender las acciones y adoptar la actitud que te genere la capacidad de ver más allá de las limitaciones, entonces tienes la opción de quedarte encerrado en tus imposibles y no buscar salidas. A los que piensan así, Dios les dice: “Donde no hay visión el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18 NVI) dicho en otras palabras, se pierde, no llega a nada, se empobrece.
Tal vez a ti te es difícil, tal vez tu no crees en ti, y si es así, puedes hacer algo mucho mejor que quedarte prisionero de tus limitaciones y debilidades, puedes preguntarle a Dios ¿Quien dice El que tu eres? ¿Qué dice El que tu puedes hacer?
Jesús se encontró con alguien “y mirándolo Jesús le dijo: Tu eres Simón, hijo de Juan, pero ahora te vas a llamar Cefas, es decir Pedro” (Juan 1:42). Jesús al llamarlo Simón y relacionarlo con su herencia familiar, le estaba recordando quien era, y cuales eran sus limitaciones, lo que le viene a decir es: “Tu tienes un carácter inquieto y extrovertido y esto te trae demasiados problemas, además eres emocionalmente débil e inestable, eres impulsivo, influenciable por las circunstancias, atrevido y miedoso a la vez, cuando las cosas no van bien, la ansiedad te domina, hablas más de la cuenta y eres inoportuno, impaciente, explotas con violencia en la adversidad, careces de firmeza, eres vehemente, pero no cumples tus compromisos, eres inseguro y estas lleno de contradicciones, a veces eres muy exagerado en lo que dices, con facilidad incumples tus compromisos, eres muy cambiante y poco confiable. Jesús conocía bien el carácter de Simón, y con una frase, con una mirada, le recordó su debilidad, y es seguro que Simón vivía consciente de sus limitaciones, porque en un momento él dice de si mismo: “Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (Mateo 5:8).
Pero Jesús vio mas allá de lo externo, vio el potencial y las muchas cualidades que Simón tenía, por eso le cambia el nombre, y lo llama Cefas, también conocido como Pedro. Este nuevo nombre describe el potencial y las cualidades que hay en él, el nombre significa “roca”, lo que implica fortaleza, estabilidad, seguridad, dominio propio, confianza, refugio. Estas eran las fortalezas que hasta ahora estaban escondidas, pero al creer en lo que Dios ve y dice de él, solo tiene que dejarse guiar y recibir la fortaleza que solo Dios puede dar para dejar de ser una persona inestable e insegura y ser transformado en uno de los lideres principales del más importante acontecimiento que ha sucedido en la historia de la humanidad, tal es así, que esta quedo marcada por un antes y un después de Jesús, de la que Cefas, conocido como el Apóstol Pedro fue uno de sus principales protagonistas.
En la transformación que se produjo en el Apóstol Pedro, una cosa era lo externo, lo que todos veían, incluyendo a él mismo, y otra, el gran potencial de cualidades y fortalezas que estaban en su interior. Ver lo que Dios ve y no lo que nosotros vemos, es un principio de liderazgo, que cuando lo ponemos en practica, permite que la mejor versión de nosotros sea una realidad que transforma para bien nuestras vidas y el entorno del que formamos parte. Es un principio de liderazgo que primero lo aplicamos en nosotros, y a partir de ahí, desarrollamos la habilidad, con la ayuda y la dirección de Dios, para hacer esto mismo en los demás, en las cosas y en las circunstancias.
Te vuelvo a hacer la pregunta ¿Qué Ves? ¿Cómo te ves a ti mismo, a las personas, a las cosas o a las circunstancias de las que formas parte? Tal vez te ves como se veía Pedro antes de su encuentro con Jesús, ves tus muchas debilidades, tus muchos obstáculos, tus muchos imposibles, tal vez estas demasiado convencido de que tú no tienes remedio, y de que tus circunstancias son imposibles de superar. Estas en esos momentos de tu vida que no ves, estas en esos momentos que son un interminable final. Si esta es tu condición, pregúntale a Dios ¿Qué ve El en ti y en tus circunstancias? Te vas a sorprender.
Cree lo que él dice que tú eres, cree lo que él dice que puedes hacer en tus circunstancias, pídele que te ayude, empieza a caminar, y verás que emerge en ti fortalezas y habilidades que ni imanabas podías tener, entonces descubrirás que no eres una simple semilla sin valor, eres una semilla con un gran potencial, eres un bosque.
Y tu ¿Qué ves? ¿Una semilla o un árbol? yo veo un bosque.
Manuel Luque
Pastor Ejecutivo CCI El Salvador